Los tiempos han cambiado y la pesca deportiva no es ajena a los avatares que nuestros queridos ecosistemas acuáticos trucheros han sufrido, sufren y van a seguir sufriendo.

El desgaste al que han sido sometidas estas aguas es más que evidente, cada vez hay menos truchas comunes, que precisamente eso, han pasado de ser “comunes” a ser anecdóticas y raras.

 

Como casi siempre, se echa la culpa a los pescadores de estas truchas, que siempre de cara a la generalidad de la sociedad son los que están acabando con esta especie, enmascarando de esta manera la realidad y la auténtica verdad, que radica indudablemente en la pésima gestión piscícola y ecológica, que de estas aguas y de estos peces se ha realizado y se sigue realizando por parte de las autoridades pertinentes de Medio Ambiente.

Para ocultar la realidad de la clara disminución y retroceso de esta ”común” especie, muchas de nuestras Administraciones Ambientales se han empeñado en distorsionar las auténticas causas de esta preocupante recesión ecológica, como son, por citar algunas, el control de la calidad de las aguas, el uso abusivo de estas mismas aguas en aras de la producción de energía y el regadío sin control, que deja en algunas ocasiones nuestros queridos ríos completamente secos.

Así que ahora tenemos ya pocos pescadores de truchas comunes, muchos ríos contaminados,  muchas barreras en forma de presas y mini centrales eléctricas, cormoranes que migran de la costa a los ecosistema de interior, que además son intocables y que acaban sistemáticamente con estas cada vez más débiles poblaciones de truchas de casi todos los ríos españoles.  ¿sería ya la hora de actuar de verdad y de una vez por todas? 

Y lo más preocupante de toda esta cuestión, es que antes de las oportunas Transferencias Ambientales, funcionaban piscifactorías Estatales que producían truchas comunes con el fin de repoblar y potenciar las poblaciones de este salmónido con el cometido de fomentar y potenciar la pesca deportiva y en definitiva el turismo y la transferencia de riqueza hacia estas zonas trucheras españolas.

Hoy en día tenemos muchos más conocimientos técnicos y recursos económicos que en el pasado, pero sin embargo e increíblemente, tenemos muchas menos ganas de trabajar con algún sentido positivo por este tema, que implica a muchos centenares de miles de “ciudadanos votantes y contribuyentes olvidados” pescadores .

De hecho existen piscifactorías en algunos lugares de España completamente nuevas, inauguradas a bombo y platillo y listas para trabajar en la producción de truchas comunes autóctonas para repoblar los ríos, en las que se han gastado muchas decenas de millones de euros de dinero público, incluido el de los “olvidados ciudadanos contribuyentes votantes” pescadores, que no funcionan no se sabe bien por qué, aunque se intuya cual pueda ser el motivo.

Declarar la trucha común como especie de interés “Histórico artístico”, perdón, “ preferente” imposibilitando su captura con muerte en las zonas de pesca truchera libre de los ríos en alguna Comunidad y pensar que con esta medida se estará fomentando la pesca y el turismo es una gran equivocación, una utopía y una negación de la realidad a mayores, de los pescadores de truchas tradicionales, que superan por mayoría aplastante a los pescadores de la modalidad sin muerte al 100% y que supone la actuación más fácil de realizar, de menos coste general y de menos esfuerzo y trabajo para la Administración Pública oportuna.

Los pescadores comunes de truchas comunes, esperamos al menos que se nos deje ya de engañar de una vez por todas y que los responsables políticos y técnicos de las Administraciones de Medio Ambiente se tomen en serio estas cuestiones y comiencen a legislar y a trabajar de verdad en el asunto en el que están implicados esos cientos de miles de votantes  contribuyentes pescadores, sin retórica, demagogia o intereses cuestionables de por medio, justificando de esta forma su remuneración por un trabajo bien realizado, con objetivos y resultados conseguidos en aras de la necesidad de todos los pescadores y no solamente de un colectivo de estos.

Cojan pues algunos reproductores autóctonos, pónganlos en sus modernas instalaciones de piscicultura de decenas de millones de euros públicos de coste, dótenlas de personal cualificado fomentando puestos de trabajo,  críen alevines de raza y repueblen y refuercen las poblaciones de este maravilloso pez, ayuden de una vez a nuestros ríos y a todos los pescadores comunes y no comunes que acuden a las orillas de los mismos simplemente y legalmente con todo el derecho a desarrollar su afición favorita, pescar truchas y dejen de marear ya la pesca de la trucha con manidos pensamientos de sin muerte o nada, a mosca o nada, en coto o nada, porque sin duda todo ese pensamiento puede llevar a la pesca a eso, a nada de nada a la vuelta de la esquina.

Si esto no es así, expliquen de verdad,  los motivos reales por los que antaño se hizo y ahora no se hace.

 

 

Prohibir es fácil, trabajar para legislar y gestionar para no tener que prohibir, es algo más difícil, pero sin duda es la deuda que el gobernante adquiere con el gobernado.

 

Un pescador común de truchas comunes.

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