Por José Manuel López Pinto

Rapala VMC y Shimano Professional Staff

09/05/11

El astro rey muestra sus primeros rayos de sol en el Golfo de Papagayo en el Pacífico Norte de Costa Rica; el Capitán Carlos Barrera, enrumba la embarcación a unas 3 millas del bajo Negro, sitio en que la eco sonda, marca peces de gran tamaño, profundidad 120 pies.

 

La marea se presta perfecta para la realización de la técnica de pesca vertical conocida como deep jigging, Carlos Barrera ha armado su jig y utilizando cuerda braided Power Pro de 50 libras, se apresta a dejarle caer a la zona de profundidad, el mismo se desplaza en ese espacio vertical de la columna de agua hasta tocar el fondo, las sensaciones son múltiples, el pescador inicia una secuencia en técnica de jigging de alta velocidad para darle al señuelo esa acción errática muy gustada por los peces, se evoca a la presa herida de nado irregular, sin embargo no pasa nada, el jig vuelve a caer a la zona de fondo; a la deriva la embarcación, nuevamente contacto de fondo y ahora una acción de recobro de línea más lenta, se ha detenido la acción del jig, por un instante el pensamiento del pescador, evoca la posibilidad de que haya escorado en las rocas, hay demasiada tensión y nada de movimiento.

Segundos después súbitamente la caña se arquea en un ángulo impresionante y la alarma de freno del carrete de spinning suena con agudeza, la tensión es extrema, el pez carga hacia la zona de fondo con toda la fuerza que la madre naturaleza le ha legado. El oleaje se muestra fuerte, es difícil mantener el balance en la pelea; se puede recuperar algunos metros de línea el pez exige muchos más de ellos, es una batalla brutal.

Los músculos tensos, el sudor en la frente, la agonía que se da por largos minutos, la caña pesa como si tuviese un gran ancla en su otro extremo, más allá de ello el pescador mantiene su entereza y realiza la técnica de palanca recobrando línea cuando baja la caña y generando un tirón hacia arriba cada vez, ahora sí ahora se han podido recobrar más allá de unos metros de la cuerda, el pez empieza a mostrar signos de cansancio, a media agua sí se alcanza a divisar la bestia, es enorme, otro tirón violento arquea la caña en un ángulo impresionante, debe resistirse, debe resistirse, el pensamiento evoca la posibilidad de perderlo contra las afiladas rocas de la zona de fondo, cual afilados dedos de coral en una fiera tormenta…

Ya son 29 minutos, el gran pez se muestra nuevamente, es un gran mero cola de escoba (Mycteroperca xenarcha), se ha vencido ya al oponente y su peso en la báscula no deja ninguna duda que es un pez de clase mundial; 109 libras de pez.

Desdibujar la sonrisa del pescador es un imposible cada vez que le recuerde…

Power Pro es la línea de pesca braided que permitió esta gran hazaña de pesca.

 

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