Sobre mediados del mes de agosto, decidí realizar una sesión de pesca de tres días en un embalse emblemático, desconocido y según mis experiencias, casi virgen. Resulta complicado en estos meses de calor sofocante decantarse por un lugar que ofrezca garantías de éxito, diversión y comodidad en forma de bajas temperaturas.

El escenario escogido fue el embalse del Ebro, en Cantabria. Resulta ser un embalse de alta montaña, con temperaturas invernales que imposibilitan la práctica del carpfishing, siendo un escenario adecuado desde la primavera tardía hasta el otoño. En nuestra sesión de pesca, las temperaturas nocturnas oscilaban los 11º acompañados de una intensa niebla. Por el contrario, los días ofrecían un sol de alta montaña con 24º, en resumen, algo excepcional y muy cómodo para una buena sesión de carp a mediados del mes de agosto.

Preparación del puesto

Al ser un embalse con una altísima densidad de carpas entre los 3 y los 7 kg, optamos por realizar un cebado previo con tres días de antelación a gran escala, con el objetivo de mantener los peces en el cebadero e intentar seleccionar el tamaño. El cebado se compuso de 50kg de maíz, 10kg de trígo y 7kg de cañamón, todo ello potenciado con Liquid Tutti fruti de Dynamite baits y Chocolate Malt. Las semillas iban acompañadas de 8kg de boilies de Pineapple de la gama CarpTec y otros boilies salados de The Source. Decidimos situarnos en un puntal en aguas abiertas, con una plataforma de algas a 85mtr de la orilla que ascendía hasta los 2mtr de profundidad, en donde se podían observar desde la barca, los bancos de carpas pastando con absoluta tranquilidad.

La sesión de pesca

Es cierto que no suelo disponer de tiempo suficiente para realizar un cebadero previo a tal escala, siendo algo inestable y complicado de calcular el momento óptimo para empezar a pescar y más con tal densidad de carpas en un embalse. El resultado a pesar de la ilusión y las ganas con las que acudimos al puesto, se vieron en parte truncadas al observar a los tres días, que se habían zampado 74kg de comida, algo desorbitado.

A las pocas horas de pesca sin resultados, recebamos ligeramente la zona con boilies de Pineapple y un poco de maíz y resultó que se encontraban por la zona… y de que forma señores!
Las picadas se empezaron a suceder de manera alocada, dobletes y tripletes sonaban en las alarmas, algo gratificante después del esfuerzo realizado en la preparación del cebadero. Si no fuese por Andrea, no habría podido afrontar solo aquella sesión ya que se hacía imprescindible la ayuda de un compañero de pesca para cobrar tal cantidad de carpas a ese ritmo, y que mejor que te acompañe tu novia a una sesión de carp, aunque el hecho de que te haya salido pescadora y tengas que repartirte las picadas ya no ilusiona tanto, más aun cuando los pepinos de las sesiones los termina cobrando ella.

Ojala todas las sesiones de carpfishing fueran como la que vivimos en tierras de Cantabria, sucediéndose las picadas de manera casi ininterrumpida hasta bien entrada la noche. Una noche de luna llena, en donde el frontal no hacía falta, cobrando los peces con la sacadera bajo la luz de la luna llena.

Al día siguiente, decidimos cambiar de estrategia y colocamos en dos de las cuatro cañas, boilies caseros elaborados con base mix The Source de 35 mm, acompañados de pop-up de Pineapple de 20mm. La intención era seleccionar el tamaño del pez, intentando capturar un dos cifras que nos rematase la sesión, situando esas dos cañas fuera del cebadero principal. Pero algunas veces se tiene suerte y otras no, porque fueron el resto de amigas de entre los 4 y los 7kg las que nos acompañaron en esta sesión de pesca. Carpas de bonitas libreas, muy luchadoras y con asombrosas bocas que les permitían alimentarse del cangrejo señal que habita en esas aguas. Cada seis horas teníamos que recebar el puesto con la barca, añadiendo semillas y boilies que resultaban barridos por los bancos de carpas. Era una situación de carp idílica pero que resulta atractivo para una sesión al año a mi entender, ya que si fuese así siempre y no existiese ni el bolo ni las bigcarps, el carpfishing perdería su gracia y magia, dejando de ser lo que es, todo un reto.

Resulta sorprendente irónico y placentero el poder escapar del seco y agobiante calor de la ciudad de Madrid en pleno mes de agosto, viajar 400 kilómetros al norte y disfrutar de un embalse de verdes praderas, rodeado de vacas de leche que pastan junto a tu trípode, noches frías y días con sol primaveral. Un total de 114 carpas nos hicieron disfrutar intensamente de nuestra jornada de pesca, pudiendo probar la eficiencia de nuestras técnicas y cebos, calentando motores para una de las mejores fechas del año a mi parecer, rodeadas de grandes ejemplares, el otoño.

 

 

Artículo realizado por: Eduardo Zancada

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