Que mejor nombre de portada para una historia donde aparece uno de esos animales con alma de caimán, que a más de uno le hacen soñar por las noches con el poder tener al otro extremo del sedal un ejemplar de esos que solo salen en revistas  de los quiosco, así como hace que se generen discusiones, por si es nocivo en las aguas donde habita, por los daños que pudiera producir en nuestras escasas, si no extinguidas especies autóctonas. Controversias aparte creo que es un animal estupendo y todo aquel al que le gusta como a mí, piensa que la administración no debería querer hacer desaparecerle de aquellos lugares donde ya se ha aclimatado perfectamente y donde sus poblaciones llevan muchos años asentados en sus aguas  como es el caso de los embalses madrileños.

Tras haber finalizado las vacaciones de verano y ya de vuelta por la capital, decepcionado por haberme comido tres días de bolos en busca de  nuestras amigas las carpas por aguas extremeñas, decidí darme una vuelta por un embalse madrileño ,haber si mis difíciles y machacados lucios madrileños daban la cara y me alegraban un poco el ánimo.

Llegué temprano a una zona del embalse que suelo frecuentar con regularidad desde hace cuatro años, donde de  cuando en cuando, entre lapicero y lapicero, suele salir alguno de mediano tamaño, no sin antes haber dado muchos palos al agua.

El día amanecía soleado con la temperatura un poco baja a primera hora de la mañana, pero según fue trascurriendo la mañana fui notando como la sudadera me sobraba, nada mas llegar a un pequeño puntal de rocas tuve un par de picadas, pudiendo sacar dos lapiceros de no mas de kilo y medio cada uno, de los cuales uno de ellos ataco mi Rapala justo debajo de mis pies,

Siguió trascurriendo la mañana, pero sin dar la cara ninguno más en zonas donde en anteriores sesiones había logrado sacar o por lo menos obtener alguna picada más. Tenia esperanzas en llegar a una zona de profundidad con grandes rocas de granito sumergidas, donde a menudo tengo varias picadas y salen buenos lucios. Estuve tanteando toda la zona, despacio, más rápido, mas lento, mas lejos, cerca……nada de nada. Pufffffffffff y ahora que.

El agua estaba muy turbia, llena de verdín y no se veía el señuelo hasta que no te llegaba a la misma punta de la caña. Pensé que al ser aun Septiembre, el agua seguía muy caliente por la superficie y al no ser una zona muy profunda el agua no tendría el suficiente oxígeno para que los grandes estuvieran a gusto.

Las cosas no pintaban muy bien, pero ya había sacado dos y puede que si insistiera un poco, podría engañar alguno más. Seguí avanzando y en otro pequeño puntal obtuve otras dos picadas, uno de ellos de 500gramos y otro que se escapo rondaría los tres kilillos. Vaya para uno majo que pica y se escapa, parece que están muy localizados me dije.

A unos cincuenta metros de allí aprecié una gran roca que se metía en el agua, me dirigí hasta ella, empecé a lanzar hacia el centro de pantano con mi Rapala Shad rap que tenía puesto, pero note que esta roca era mas profunda de lo que pensaba y mi señuelo no trabajaba a la profundidad que yo deseaba, entonces cambie a un pikie de Storm, el modelo Wildeye Swim Shad 9 en color RT, que me había comprado días anteriores, el cual lo estrenaba ese día.

Empecé a tantear la zona, primero mas cerca por si alguno pequeño rondaba por los alrededores y poco a poco iba alargando los lances, trascurrían los minutos y nada.

Entonces no se me ocurrió otra cosa que lanzar paralelo a la orilla a una distancia de unos dos metros de esta y cuando le quedaban escasos metros a mi señuelo para llegar al puntal de mi caña, note un gran paron, clave instintivamente, pero no note cabeceo alguno, en ese momento sentí que lo que había al otro lado de mi sedal se dirigía directamente a aguas profundas.

La caña estaba completamente arqueada y de la bobina de mi Shimano Stradic salían metros y metros de trenzado Power Pro, cuando este cesaba en sus potentes y fuertes carrera, yo intentaba ganar línea, pero si yo le ganaba dos vueltas de carrete este me sacaba diez. No sabia exactamente lo que tenia, podría ser una carpa  otras veces me ha pasado lo mismo, pero como el agua estaba tan verde no veía nada. Poco a poco aguantando sus fuertes carrera le fui ganando metros. No os podéis imaginar la cara que se me quedo cuando emergió tras mi puente de fluoro carbono el lomo de aquella criatura, para posteriormente desaparecer y hundirse en las profundidades con otra gran carrera. Hubo un momento en toda aquella lucha que casi logre cogerlo pero era tan grande que mi mano no abarcaba para cogerlo por la cabeza, así que se revolvió volviendo al fondo como un misil.

No se cuanto tiempo estuve, pero se me hizo eterno, ningún otro me había deparado tantas carreras y con tanta potencia, algunas veces sentí como el trenzado rozaba con el granito, con el peligro de romper por lo cortante de este o al durar tanto la lucha que en una de sus carreras de desclavara. Pero nada de esto ocurrió, conseguí acercarlo nuevamente a la orilla y esa vez si pude sacarlo. Era una hembra larguísima, gorda como un tronco, con un color precioso.

Un hombre que había por los alrededores se  acercó a verlo, no daba asombro, me decía que me lo compraba, a lo que yo me negué rotundamente, le dije que aquel animal merecía más la libertad que el terminar sus días en una pared colgado o en una sartén. Lo medimos y pesamos cuidadosamente, dando 15,750 kilos y una longitud 1,18 metros, no me imagino el peso de este animal cargado de huevas. Me hice cuatro fotos y tras varios minutos de reanimación volvió a las profundidades. No quise que estuviera mucho tiempo fuera del agua y en el estringer no me serviría para mantenerlo con vida con el agua tan caliente.

Los que me conocen saben que no soy una persona competitiva, que disfruto junto a los míos, piquen o no los peces. Me considero una persona constante y diecinueve años han pasado dando golpes de caña por estas orillas, muchos kilómetros recorridos con el coche, muchos señuelos han perecido en el duro granito intentando apurar las posturas, mucho calor y  mucho frío he pasado, muchos los madrugones, pero hay que seguir. No hace muchas semanas en otro embalse se me escapo otro buen tronco por no revisar un nudo, pero de los errores se aprende y hay que ser constante.

Tenedlo muy en cuenta:

Nada en el mundo sustituye a la constancia.

El talento no la sustituye, pues nada es tan corriente como los inteligentes frustrados.

El genio tampoco, ya que resulta ser tópico el caso de los genios ignorados. Ni siquiera la educación sustituye a la constancia, pues el mundo está lleno de fracasados bien educados.

Solamente la Constancia y la Decisión lo consiguen todo.

Articulo realizado por: Miguel García Báez

 

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.