Sólo el hecho de adentrarse a las selvas caribeñas ya es ganancia para cualquier persona, dada la majestuosidad y exuberancia  de la misma. Mayor ganancia aún, cuando el pescador deportivo pone en el tapete todo su abanico de experiencias para buscar y encontrar aquel sitio escogido por los robalos, sitio que a la postre le deparará aquella tan anhelada captura.

Como dicen, con “ojo clínico”, explora uno y otro sitio hasta que encuentra, uno cuyos elementos que lo conforman le encienden aquel sexto sentido que le impulsa a lanzar su señuelo.

A distancia prudencial para lanzar, observa el color del agua, abre su caja de señuelos y con gran acierto se decide por aquel que color y tamaño, lo asegura a su leader y ejecuta su primer lanzamiento con gran precisión colocándolo junto a la vegetación.  Uno, dos, tres movimientos de puntera de caña y se siente el golpe seco al otro extremo que a su vez desemboca en un salto fuera del agua por parte de la presa.

Inmediatamente después de una pequeña batalla, un nuevo lanzamiento, resulta que no se deja esperar ni siquiera al primer movimiento y en menos de 5 minutos, dos capturas.

La temperatura del ambiente sube y llega a los 30 grados centígrados, lo que hace necesaria una pequeña parada para hidratarse.

Nuevos lanzamientos evidencian la presencia de diminutos camarones que saltan fuera del agua al momento que pasa el señuelo, lo que incrementa la ansiedad por más capturas.

Se prepara para realizar su mejor lanzamiento, cae su Rapala Count Down al agua, en esta ocasión deja que de hunda  antes de iniciar la recogida y en el momento que lo hace, la línea se tensa y el carrete empieza a perder cuerda, por lo que se hace necesaria la utilización del conjunto caña, carrete y freno con el pulgar, para evitar que aquella presa atípica por la fuerza de jale busque la empaliza y ocasiones el corte de la línea.

Con la parada, se forman dos borbollones en al agua, que evidencia su tamaño y se vuelve a iniciar la batalla que luego de unos minutos arroja excelentes resultados. La actividad de mini camarones continua y los enganches con ellos, eso sí en tamaños menores, pero capturas al fin y que son devueltas al agua, para ir en busca de ellas dentro de unos cuantos meses más.

De un momento a otro, un golpe seco y muy diferente a los obtenidos con anterioridad y en esta ocasión ya no cerca de las ramas sino por el contrario muy cerca de la embarcación y una carreta bastante fuerte. La forma de jale por parte de la captura indica que se trata de otra especie, el golpe hace que se sospeche de cual se trata y su cabeceo durante las carreras, todo esto sin ver la captura, termina de reconfirmar que se trata de un jurel que se alimentaba en aguas salobres de aquellos preciados camarones y con esta última captura, se va el pique y queda la satisfacción de haber obtenido en un corto lapso de tiempo, buenas capturas, buenos tamaños y una buena ensalada de especies diferentes de peces y todas capturadas con un único señuelo, el terror de los canales caribeños, el Count Down CD07 de RAPLA.

Escrito por: Isaías Hernández Mora

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