El río Tormes, hijo de las bondadosas nieves de Gredos, parido entre los canchales de sus circos glaciares. Limpio y puro cómo todos los seres en su niñez, desciende intrépido y valiente acariciando las praderías de sus valles, apagando la sed de sus habitantes, dando el aliento vital a todas las comarcas abulenses que atraviesa.

Este río, aún adolescente en estos parajes, tan pronto se desborda locamente en impetuosas corrientes, cómo se remansa suavemente en azules pozos. Es un río que habla con todo aquel que se le acerca, aunque desgraciadamente, sean pocos los que comprenden su lenguaje.

Que gratos recuerdos acuden a mi mente, cuando de niño conocí este río. Esas dos palabras, Gredos y Tormes, despertaban en mí una sensación mágica y de respeto hacia este, por aquel entonces apartado paraje. Cuántas horas pasé admirando las abundantes y juguetonas truchas desde la barandilla del Puente del Duque, en Hoyos del Espino. Cuántas historias de legendarios pescadores lugareños escuché, que hablaban de interminables y épicas batallas con enormes peces en los grandes pozos del río. En parte, estas vivencias forjaron en mí el espíritu de pescador que llevo dentro.

Abandona el Tormes las tierras de Ávila y se adentra en las de Salamanca. Su espíritu se  serena, pero ahora se siente fuerte y poderoso. A pesar de que los seres humanos le interponen barreras en forma de presas, su empuje se impone y se derrama por las tierras de dehesas charras, inundando interminables campos de cultivo. Este Tormes maduro discurre serpenteante, amplio y majestuoso entre espesas choperas y abigarrados cañares. Es aquí donde hace algunas décadas este río se enamoró de un nuevo ser. El salmón del Danubio, el Hucho Hucho, el salmónido de aguas continentales que no necesita viajar al mar para completar su ciclo vital, el salmónido de mayor tamaño que habita hoy en día en nuestro país. Uno de los peces más bellos, elegantes, robustos, potentes y luchadores con el que cualquier pescador deportivo pueda soñar. En definitiva una piedra preciosa engarzada en la joya del Tormes.

Qué acierto el de aquellos visionarios ingenieros que propiciaron la existencia de esta especie en estas aguas, cuánto tendríamos que agradecer los pescadores españoles su genial idea.

Ahora cuándo pienso en la posibilidad de una jornada de pesca de huchos, siento esa misma inquietud infantil, propiciada por el misterio, la magia y la grandeza que entraña ese binomio perfecto Tormes – Salmón del Danubio.

El ecosistema acuático que genera este río a su paso por estas tierras salmantinas acogió con sabiduría a este gran pez, añorando quizás las enormes y desaparecidas pintonas que antaño poblaron sus aguas limpias, impolutas y altamente productivas.

Biológicamente hablando, varias décadas no significan prácticamente nada a nivel de la supervivencia de una especie, pero nos puede indicar que el camino es viable en su más amplio sentido.

Pero todo esto solamente dependerá del grado de cariño y estima que los seres humanos seamos capaces de desviar hacia esta y otras venas de agua.

Contaminación, centrales eléctricas, despilfarro de agua para todos los usos, indiferencia social, administrativa y sobre todo, demagogia ecológico- política. Estas pueden ser las causas de la futura desaparición, no solamente del hucho, sino de la misma vida en el seno del Tormes Sabio.

Por ello felicito y agradezco de corazón la labor de unas personas, que agrupadas en la Asociación Pro-hucho lucharon y luchan desinteresadamente, día a día, por la persistencia de una especie, de la que nos deberíamos sentir orgullosos por haber consentido vivir en uno de nuestros ríos más emblemáticos.

Estad seguros que la mayoría de los pescadores españoles están a favor del salmón del Danubio.

 

Luis Enrique Serrano.

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