Y la noche se nos echó encima…

Era verano, hacía muchísimo calor, siempre por encima de los 30 grados, incluso de madrugada y estábamos en Portugal en las proximidades del embalse de Alqueva para probar los nuevos vinilos Trigger X.

Mi amigo y compañero Marco me había llevado a conocer de su mano estas extensas aguas, en algunas zonas repletas de luchadores black bass. El intenso calor era a veces insoportable, teniendo que estar mojándonos y bebiendo agua constantemente, los resultados fueron relativamente escasos, salvo algunos buenos peces que sacamos entre las ramas muertas de los árboles sumergidos.

Ya por la tarde, Marco decidió llevarme a su charca secreta, para pescar desde la orilla ya caida la tarde.

Lo que ocurrió entonces fue espectacular, llevo pescando basses más de cuarenta años y quizás sólamente en un par de ocasiones he visto a estos peces con una actividad totalmente frenética, propiciando picadas contínuas, incluso cuando se hizo noche cerrada.

Cualquier cosa que pusieramos en la línea, era cogida de inmediato por un bass, casi se tardaba más en desanzuelar y soltar, que en volver a capturar otro.

Sobre las 11:30 de la noche decidimos dejar de pescar, pues corríamos el riesgo de no poder cenar en ningún sitio y llevávamos todo el día con un escaso bocadillo.

Los dos nos fuimos convencidos de que los peces habrían seguido picando durante toda la noche, sin duda el insoportable calor diurno, también afectaba a los peces que decidián activarse con la caida de la luz y la bajada de unos pocos  grados en el ambiente.

Inolvidable, “gracias Marco por enseñarme las artimañas de los basses portugueses”.

Luis Enrique Serrano.

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