Una vez más nuestra afición está marcada por la tragedia, desde aquí queremos recordar a todos los amantes de este deporte, que cualquier precaución es poca. Estamos ante un medio fantástico y terrible a la vez…

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Emilio G. CEA “Ayúdame, ayúdame”. Ésas fueron las últimas palabras de Cristian Santoveña Zapatero antes de que, pasadas las nueve de la noche del miércoles, se perdiese su rastro en los acantilados situados entre la playa de San Antolín y Gulpiyuri, en Naves de Llanes, tras caer al mar mientras pescaba. Junto al aficionado, se encontraba su amigo Miguel Somohano. “Vino un golpín de mar y lo arrastró. Yo había ido a acompañarle. Aguantó entre cinco y diez minutos a flote. Mientras llamaba al 112 desapareció. Estaba muy cansado”, relató Somohano, la última persona que vio con vida a Santoveña, a primera hora de la mañana de ayer. El infortunado no sabía nadar. A la una y diez de la tarde de ayer, buzos de la Guardia Civil localizaron el cuerpo sin vida del pescador llanisco de 30 años. El cadáver se encontraba sumergido a unos 30 metros de profundidad y a unos diez de distancia del lugar donde se precipitó. El cadáver del pescador fue subido a la lancha de la Benemérita y, a continuación, trasladado al puerto de Llanes.

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Decenas de personas, entre efectivos de la Guardia Civil, Bomberos, Cruz Roja, miembros de Protección Civil, familiares y amigos, tomaron parte en la búsqueda de Santoveña desde primera hora de la mañana. La mujer, los padres y las hermanas del hombre no abandonaron la zona hasta que fueron conocedores del fatal desenlace. “Era muy buen chaval. Pescaba desde que era un crío con su padre”, aseguró un amigo del fallecido mientras participaba en el rastreo. Cristian Santoveña, vecino de Vibañu y residente en Posada, deja mujer y un hijo de 7 años. Y un pueblo roto por el dolor de este trágico final.

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