La mar presentaba la belleza natural de sus aguas, el canto de las aves marinas en su afán de alimentarse, el suave susurro del viento al amanecer,  cuyo beso retoza en el rostro, es la pesca algo en que soñar, algo por lo que vale vivir.

El capitán Rapala VMC Pro Staff  Rudy Dodero, sentíase orgulloso de saber que en su embarcación se encontraba quien le indujo en la pesca en sus años de juventud, su tío José Enrique Meneses, cuánto tiempo desde que puso en sus manos los primeros señuelos, recuerdos de capturas, el tiempo pasa, el recuerdo prevalece.

La zona de playa Dominical en el Pacífico Sur de Costa Rica, presenta zonas de arrecife en donde medran poderosas bestias de las aguas, peces de enorme dimensión y de carácter agresivo, pero definitivamente nada fáciles de pescar por su enorme fuerza y capacidad para escapar destruyendo las líneas en las rocas y arrecife; se preparan las cañas y se arman con señuelos Rapala X Rap Magnum 30 armados con anzuelos VMC, estos señuelos logran bajar en la columna de agua 10 metros, logrando acercarse a la zona en donde están prestos a la emboscada los grandes peces trofeo.

Las líneas tendidas a distancia, los señuelos en acción, con una velocidad de trabajo media, la percepción del Capitán. Rudy Dodero es que algo muy importante va a pasar, eso lo saben los hombres de mar por cuyas venas fluye la pesca…

El sonido del motor establece la marcha, las cañas vibran ante el embrujo de la tensión y movimiento de los señuelos, es la cadencia perfecta visible en las punteras, esos señuelos X-Rap Magnum tienen una acción de atracción con su acción lado a lado con un efecto errático de presa herida, pareciese que están vivos.

Un segundo, un instante, el tiempo se detiene y la alarma de un carrete se dispara violentamente, es excesiva su violencia y la cuerda fluye inexorablemente, José Enrique levanta la caña e inicia la pelea, se presume cual pez ha atacado el señuelo, se trata de que no baje el arrecife; no es amigo de la línea de pesca, la tensión es enorme, la palanca con la caña no cesa y el esfuerzo del pescador produce intenso dolor, son dos fuerzas una del ser que medra en las aguas del amo y señor del arrecife y otra del ser que medra sobre la faz de la tierra.

La tensión se afloja, el pescador piensa por un instante que el pez se ha liberado, una nube negra ensombrece la mente, obnubila la razón, para volver a la realidad con un tirón potente, cuyo esfuerzo supremo hace que salgan largos tramos de la línea de pesca, el gran pez lucha ferozmente, alcanza su clímax al arquear la caña en un ángulo agudo, pasan largos minutos, cada vez está más cerca, el sudor en la frente, la tenacidad de pescador a prueba, la incertidumbre que golpea como un martillo y se logra visualizar en las aguas el color rojizo de un pez, color de sangre, de sangre y vida; se observa un enorme pargo cubera del pacífico cuyos colmillos definitivamente demuestran porqué es el amo y señor del arrecife, la felicidad es infinita que logro, es por lo que soñamos los pescadores de caña y carrete.

Lazos de sangre entre pescadores, la pesca es una pasión de vida que trasciende las generaciones…

Escrito por: José Manuel López Pinto / Rapala VMC y Shimano Professional Staff

 

 

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