El río Ebro se derrama en el  mar Mediterráneo creando un singular delta.

El entorno natural que crea  el río más caudaloso de España en este lugar es impresionante, desde los arrozales interminables, pasando por incontables marjales, hasta las barreras de sedimentos y arena que se crean con el reflujo de la corriente del río y las mareas.

La biodiversidad se desborda en multitud de especies que se han adaptado perfectamente a las cambiantes condiciones que proporciona el Delta, donde encuentran grandes posibilidades de alimentación y reproducción en este gran ecosistema vivo.

En el medio acuático esa explosión de biodiversidad se incrementa, pues infinidad de especies de agua salada y de agua dulce, mezclan sus poblaciones en los límites del río donde el agua es salobre, propiciando de esta manera uno de los lugares de pesca deportiva más interesantes de este país.

Hace ya unos cuantos años visitamos este punto caliente de pesca y pese a que no sacamos muchos peces, quedamos totalmente encantados con la pesca.

Alquilamos una pequeña embarcación y mi compañero Roberto y yo nos encaminamos río abajo hacia la salida al mar.

Después de varias horas lanzando nuestros señuelos hacia las zonas someras de la orillas, no habíamos obtenido ninguna respuesta de los peces.

Avanzamos hasta un brazo de arena en la verdadera confluencia con el mar, pero las olas y las corrientes nos echaron para atrás, pues la pequeña embarcación se movía peligrosamente. Decidimos entonces hacer un poco de curricán, arrastrando algunos señuelos a media velocidad remontando el río.

En la orilla de enfrente y en un pequeño recodo apareció a nuestra vista lo que parecía un gran tronco medio sumergido, pero con varias ramas asomando del agua, yo no apartaba la vista del lugar y enseguida le dije a Roberto que parara el motor para recoger los aparejos de curricán que llevábamos puestos.

Algo en mi interior me decía que en ese lugar cogeríamos algo, estábamos en el Delta, pero la zona ahora se parecía mucho a la recula típica de un embalse de basses o lucios.

Esa tronca me había hipnotizado por completo, monte una caña con un wildeye Minnow color azul de Storm y nos encaminamos despacio hasta una postura de lanzado.

El señuelo se había posado  a un metro de la rama más grande y no había recorrido más de un metro, cuando un pez lo cogió con fuerza. Una bonita lubina se debatía en el agua, no era muy grande, pero tenía una fuerza increíble.

Con este lance nos habíamos alejado unos metros de las ramas sumergidas, Roberto enderezó la barca y despacio nos aproximamos por el lado opuesto  de donde se había producido la picada. Al segundo lance, el señuelo fue atacado de nuevo por otro poderoso pez, una lubina un poco más grande que la primera se debatía de nuevo en la sacadora.

Roberto no salía de su asombro con la rápida secuencia de estas capturas, y de nuevo nos aproximamos a la tronca, esta vez por el interior del brazo más próximo a la orilla.

En este punto las ramas sumergidas eran más densas y estaban sumergidas a más profundidad, por lo que hice el lanzado a la misma base del tronco. De nuevo otro pez atacó rápidamente, pero este era bastante más grande que los anteriores, sus flancos plateados dejaban ver bien su tamaño. Intente tirar con fuerza para alejar a la lubina de las ramas, pero fue inútil, la barca parada no tenía capacidad para separarme y finalmente ganó la batalla, soltándose del señuelo que quedó enganchado y enredado en el ramaje.

Había perdido sin duda un buen pez, pero lo que ocupaba mis pensamientos mientras navegábamos hacia el embarcadero, era que había pescado lubinas, como si hubiera estado pescando basses, y es que el Delta del Ebro me pareció un lugar de pesca diferente a todos los demás donde he estado, con peces de comportamiento distinto y quizás a veces algo misteriosos.

 

 

 

 

 

 

No dejéis de pasar por allí si tenéis oportunidad, sin duda el Delta os hará felices.

Luis Enrique Serrano

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