Después de un duro periodo de abstinencia de carpfishing por mi parte, de tres meses, había llegado el gran día. Se trataba de una jornada de pesca de seis días con un objetivo, lanzarnos a la aventura en busca de un puesto decente que nos aportase satisfacción y  futuras sesiones gratificantes (algo que no suele ser nada fácil).

Mi compañero Toño, se prestaba implacable días antes de la jornada preparando 100kg de chufas con la ilusión que le invade como carpista, intentando imaginar lo que nos esperaba. Al mismo tiempo, herví otros cien kilos de maíz, trigo y cañamón mezclado, sin olvidar los 17kg de boilies de Robin Red, Source y Chocolate Malt que serían los responsables de seleccionar el tamaño del pez en los nuevos escenarios de pesca.

La idea inicial, sería buscar en el primer día de la jornada, tres puestos decentes donde haríamos los respectivos cebaderos de menor a mayor cantidad con el objetivo de ir rotando de puesto según pasasen los días y se sucediesen los hechos, algo que al final terminamos modificando. No suele ser fácil la labor de investigación buscando a ciegas y no se puede pretender dar con un paraíso en el primer intento, pero cuando finalmente se encuentra, todos los esfuerzos quedan en el olvido y uno se dedica a disfrutar.

El primer día de la sesión fue un  poco desesperante, llevábamos buscando puestos cerca de ocho horas seguidas, las zonas llamativas de los mapas resultaron ser zonas inaccesibles debido a las fincas colindantes. Otras zonas resultaron ser de escasa profundidad y no faltaron las zonas con presión de pesca y donde la gente disfrutaba de un buen chapuzón. A plena luz del sol y soportando unos cuantos grados de éste, mi coche quedó en una zona de arena densa, la desesperación se apoderó de nosotros por unos instantes, sobre todo al ver que ninguna grúa podría entrar en ese estrecho camino, siendo la única posibilidad, acudir al pueblo más cercano para  pedir la ayuda de un tractor. Con todo el material descargado del coche, el segundo intento fue nefasto, quedando el coche en peor situación que la inicial. Finalmente, decidí probar suerte cortando un cinturón de seguridad de mi coche para que Toño intentase sacarme de allí, algo que mis ojos no querían reconocer cuando aquello sucedió al primer intento y de forma brusca.

Después de arrojar por la borda casi un día entero, nos quedaba una última posibilidad, se trataba de una zona con escasas señales de actividad, por no decir nulas, tres puestos contados y una desmesurada cantidad de comida natural que nos dificultaría el éxito (sobre todo en estas fechas en las que empieza el calor).

Preparamos dos cebaderos y empezamos en el que nos pareció más apropiado. Llegaba el atardecer y los equipos estaban listos junto con todo el material organizado. Habíamos empezado con una buena cantidad de cebado (unos 15kg de semillas y chufa con 2 kilos de boilies de Source y otros 2 kg de Chocolate Malt ) con el objetivo de alterar la cantidad conforme tuviésemos picadas.

A las cinco de la mañana, bajo una gran luna llena, se produjo la primera picada en una de mis alarmas. Las tres primeras carreras fueron largas y no convenía frenarlas, no había prisas pero sí muchas ganas de ver el primer ejemplar del nuevo escenario de pesca. Después de unos minutos de lucha, Toño me ensalabró con arte aquel duro ejemplar, era una fully scalled en plena forma, con una librea preciosa y en perfecto estado, aquello empezaba a dar sus frutos y nuestra ilusión comenzaba a crecer por momentos.

Durante todo el día siguiente, la inactividad fue total (suele suceder en muchos escenarios de pesca en épocas de calor) así que nos dedicamos a preparar aparejos y estudiar la zona de pesca con la barca (siempre haciendo guardia uno de nosotros en el puesto de pesca).

Llegaba la noche y aquella luna llena surgió por segunda vez entre las montañas. Teníamos esperanzas de que nuestro cebadero diese sus frutos en plenitud, habían pasado 48 horas y podía suceder cualquier cosa. A las cinco de la mañana Toño tuvo una brusca picada, después de clavar el pez, una larga e imparable carrera comenzó pasando por encima de todas las demás cañas. Se trataba de una pieza de un tamaño considerable, al menos es lo que se podía apreciar en la cara de Toño al bombear dicho ejemplar, dándole línea nuevamente en su negativa testaruda a querer dejarse vencer. Pasados unos minutos de un combate digno y después de cruzar varias cañas, un largo lomo se dejó iluminar por la luz de la luna cerca de la orilla, ensalabré su pieza y nos dispusimos a pesarla. Se trataba de un decente ejemplar de 15 kilos de peso en el nuevo escenario de pesca, señal de que habíamos acertado en nuestra elección con el puesto, aunque las picadas no fuesen lo suficientemente numerosas para saciar nuestra ilusión.

Los boilies de Dynamite estaban haciendo su función correctamente y los Fluro pop-up de Robin los habían aceptado con rapidez en el nuevo puesto.

A las nueve de la mañana otra alarma sonó, después de una lucha delicada y limpia (debido a que ya había perdido una pieza en plena madrugada) conseguí terminar el combate sin ninguna prisa, cansando aquel carpón que pretendía meterse como un cohete dentro de las junqueras que tenía a mi izquierda. Después de curarla con el antiséptico, Toño me fotografió con aquel bonito ejemplar de carpa lineal. Debido al hecho de que no había problemas con las carpas en los combates y éstas no tendían a desprenderse del anzuelo, decidimos reducir el tamaño del anzuelo un poco más, preparando nuevos bajos, los cuales nos dieron excelentes resultados.

Pasamos el resto de la mañana en el puesto y finalmente rotamos al segundo cebadero según el plan previsto. Llevábamos tres horas de pesca cuando tomamos una decisión, en el puesto que habíamos estado no se había dado nada mal, habíamos capturado pocas piezas pero de calidad y sentíamos que había que sacarle el jugo a dicho lugar. Dicho y hecho, abandonamos el segundo cebadero a pesar de que tenía muy buena pinta y regresamos al primer puesto para desvelar todos sus secretos.

Durante los tres primeros días habíamos visto una tímida actividad en aquel lugar, los peces que se habían cebado se podían contar con los dedos de la mano.

Todo sucedía sobre las diez de la mañana, en la orilla opuesta, bajo la sombra de unos frondosos árboles. Era una situación que no comprendíamos, nuestra estrategia de pesca era correcta, pero no conseguíamos meter en el cebadero aquellas carpas tan lejanas (algo que podrían haber hecho pasados ya tres días). Perezosos por el bochornoso calor, le dimos escasa importancia a ese dato y pasmos el resto del día charlando con  la gente cercana del lugar que nos visitó por segunda vez con una amabilidad exquisita, ofreciéndonos una bandeja de su propia matanza casera de este año. Son detalles como estos, los que completan al carpfishing  sin estar previstos de ante mano y sabemos que descansarán en el recuerdo de nuestras sesiones de pesca.

Teníamos una media de dos picadas por día, algo que nos dejaba intranquilos a pesar de saber que existía una baja población de peces pero con mucha calidad. La siguiente noche se sucedió con su respectiva luna llena, algo que nos dejaba atontados por su belleza, pero esta vez sin picadas.

A la mañana siguiente decidimos cambiar de estrategia, preparamos aparejos de larga distancia; dos plomos big gripa de 140gramos que se completaban con los snowman de Chocolate Malt.

Sacamos dos líneas a una distancia de unos 200 metros, era un atrevimiento por nuestra parte que solo podría tener éxito si realizábamos una excelente clavada en el momento preciso, a pesar de la elasticidad que se produce en la línea  a esas distancias. De todas formas, nuestra intención inicial fue preparar montajes de auto clavada, intentando que los propios plomos hiciesen la mayor parte del trabajo por si solos ya que la mayoría de las picadas se sucedían en plena noche y eso les daba a los peces una ventaja de varios segundos para poder escapar hasta nuestra llegada a las cañas.

Como estaba previsto, en plena noche se produjo una loca carrera en una de las alarmas de Toño, algo que solucionó con una clavada limpia y seca, cantando el carrete a su vez al son de aquella luna del mes de Junio. Se trató de una carpa royal que nos indicaba que no lo estábamos haciendo del todo mal, algo que nos tranquilizaba.

Cuando el sol empezó a calentar, uno de los tensores de mi trípode comenzó a bailar de forma perezosa, como si le faltasen fuerzas en aquella picada. Era la caña situada bajo la sombra de aquel árbol que se encontraba a 200 metros de distancia. Sin pensarlo dos veces, realicé una doble clavada de forma agresiva, algo que se traduciría en una clavada corriente  a tales distancias.

Por un tiempo, pensamos que habíamos perdido aquella pieza, debido a que la caña Beast Master no mostraba señales de vida en el otro extremo de la línea. Resultó ser que la pieza había venido de frente al pescador y no mostró batalla hasta escasos diez metros de la orilla, frenándome en mitad de uno de mis bombeos y obligándome a soltar línea para trabajar al pez. Toño hizo uso de la sacadera y conseguimos capturar entre los dos, otra nueva pieza con cierto mérito. Era un nuevo dato a tener en cuenta para la próxima sesión en aquel lugar, ya sabíamos cual era una de sus rutas fijas de mañana, allí, en la orilla opuesta, bajo aquellos frondosos árboles de los que se desprendían excrementos de los pájaros que anidaban (los pájaros que nos desvelaron otra nueva clave).

Una vez de camino a casa y satisfechos con el nuevo escenario al que nos habíamos enfrentado, quedaba en nuestras mentes el dilema de aquella luna llena, de la que estábamos convencidos que había tenido un papel representativo en las horas de actividad de los peces y las consecuentes picadas.

Después de una sesión exitosa como esta, la decidimos archivar en nuestras mentes para el recuerdo y continuamos hablando sobre la siguiente y gran aventura que viviríamos juntos….

Artículo realizado por: Eduardo Zancada

 

 

Una Respuesta

  1. Ximpilla

    creo k son pocas piezas por tantos dias..
    en utxesa me kede 1 sola noche de 9 a 14 del medio dia sake 12 carpas de 3 a 10 kilos
    sake una de 10 otra de 8 i todas las otras entre 3 i 5kilos
    ese dia fue el dia k introdujo los micropelets para cebar agujereados con el taladro.
    el tripode no parava. havia veces que picavan 2 carpas a la vez i yo i mi compañero (que no pesca) las sacabamos, tuvimos unas 3 desamadas i 2 lineas partidas por alguna bestia, creo que siluro porque no tirava i de golpe metio una estrujada i me rompio el hilo de 20 kilos trenzado del 0,35.
    saludos i suerte

    Responder

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.