Estoy acostumbrado a esconderme por las orillas de ríos y embalses, intentando siempre no tener a nadie a un kilómetro a mi alrededor, no sé, quizás los años de carpfishing me estén convirtiendo en un bicho raro, el caso es, que el concepto del carpfishing puro lo he entendido así siempre, únicamente de esta forma. No hay nada como poder disfrutar una sesión en solitario, probando tus estrategias, corrigiendo tus errores, pensando, pensando y pensando. Tal vez todos los pescadores gozamos de la virtud de ser pacientes y tomarnos tiempo para pensar, analizar estrategias y seamos pensadores en mayor o menor medida, es algo necesario e imprescindible para poder crecer, desarrollarse como carpista y conseguir tus retos, ya sea batir tus récords personales u otra serie de objetivos.

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El caso es, que todo esto tiene un transfondo mucho mayor, el hecho de poder tener tiempo para reflexionar en uno mismo, tus problemas, tus defectos y virtudes, y no ya como pescador, sino como persona. Muchos de nosotros llevamos una vida acelerada, los compromisos familiares, amigos, trabajo etc… no nos dejan pararnos un momento y planificar un poco nuestras vidas, o sencillamente tomar las decisiones reflexionadas y apreciar más las pequeñas cosas importantes de la vida. Cuando hablo de cosas importantes, me refiero a lo que esta modalidad de pesca nos permite ver y aclarar, es decir, que uno regresa el domingo a su casa con las ideas muy claras, decisiones tomadas, relajado, desconectado de todo.

Es en esos momentos, cuando te encuentras solo en una orilla casi infinita sin nadie a tu alrededor, a 400 km de tu casa, es cuando te das cuenta de lo que de verdad es importante en tu vida, y en más de una ocasión, uno se pregunta asimismo si no está haciendo el imbécil. Tres días solo, en un embalse a tomar por saco de casa, sin nadie a tu alrededor, privándote de disfrutar de tu familia, sin poder disfrutar de tu mujer o novia, o estar tomando algo con amigos, o familiares. En esas ocasiones y más cuando te estás comiendo un bolazo de esos que saben a gloria, en esos que te pones a limpiar las cañas con un trapo con cara de imbécil, te haces unos montajes y te vas a casa con cara de tonto, es en esos días cuando te planteas todas esas cosas. De hecho, si uno no hiciese esas sesiones, no apreciaría las cosas fundamentales e importantes de su vida, ni las vería con tanta nitidez, por lo que debemos agradecérselo al carpfishing. Es decir, que para que uno tome todas esas decisiones, se de cuenta de con quien quiere estar realmente o qué hacer y darse cuenta de que la vida pasa en dos patadas, es necesario pagar el peaje de las sesiones hard de carpfishing solo, solito durante unos días y si puede ser, gozando de un rico bolo. Claro está, que uno se plantea todas esas cosas generalmente cuando lleva años y años en esto del carp, habiendo conseguido tus retos personales y habiéndolo hecho prácticamente todo. Entonces, uno se plantea cómo debe tomarse las cosas, llegando a la conclusión de que lo realmente acertado, es ser ponderado, racionando tus dosis de carpfishing y dejando de hacer barbaridades como dormir en la bedchair a menos diez grados en pleno mes de enero, levantándote a la mañana siguiente entumecido y con el cobertor del saco tan rígido que parece una pizza congelada, la sacadera pegada con hielo a la moqueta y en definitiva cara de imbécil y por supuesto bolo. Creo que muchos de vosotros sabéis lo que es eso, y por supuesto lo respeto, es de admirar, lo sé, pero con los años uno va dando forma a sus sesiones, tiene más claro lo que quiere, cómo y cuando, reduce sus sesiones a las fechas hot (primavera y otoño) y empieza a disfrutar del carpfishing como nunca lo había hecho.

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Siempre he huido de las “ferias” en el carp (dos trípodes pescando ya son multitud) de las aglomeraciones de carpistas, campeonatos y chismorreos, ya sabéis, la parte negativa de esta modalidad, en donde existen las envidias, mentiras y demás. Ya cometí mis errores en el pasado, pequé en todas y cada una de las posibilidades, organizando sociedades de carpfishing, acudiendo a campeonatos, pescando con otros siete trípodes al lado y metiéndome en todos los berenjenales. Es algo que a la larga solo trae problemas y hay que tener mucho tacto para evitarlos, la mayoría de vosotros ya lo sabéis. Por estos motivos, uno intenta no aparecer en aglomeraciones, pescar solo o con algún amigo puntual. Sé que son formas distintas de ver las cosas, tal vez, los años en el carp como he dicho, le estén haciendo a uno un bicho raro, aunque últimamente, intento tomarme estas cosas con más normalidad.

Como decía anteriormente, el carpfishing es una droga, o como me dijo un buen amigo una vez, cuando me dejó por primera vez unos catálogos de carpfishing, por supuesto extranjeros, de tiendas y marcas, cuando en España no había nada de nada, mientras salía de su casa con los catálogos en las manos me dijo; “Eduardo, ten cuidado, llevas una bomba de relojería en las manos” y aquí estoy, jodiendo a los peces todo lo que puedo y más, con todo tipo de artilugios modernos, “gozándolo” como dice otro amigo mío.

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De hecho, el carpfishing se convierte en una droga imprescindible. Pero si antes o durante toda tu vida fue una droga necesaria con la que podías huir del mundanal ruido, la ciudad, los atascos, el estrés del trabajo, ahora lo es más. Tus sesiones se ven reducidas anualmente, ya no te comes bolos porque sabes a dónde ir, cuando ir y cómo hacerlo (ya te comiste en su día todos los bolos habidos y por haber). Aprendes a disfrutar del carpfihing rodeado de algún amigo, conviviendo y compartiendo experiencias, pudiendo compartir la alegría cuando consigues una buena captura y a la vez, tienes esos momentos de paz y reflexión que te permiten aclarar tus dudas, resolver problemas, relajarte y desconectar. Me sigue pasando algo muy curioso, algo que durante años me ha sucedido al regresar de las sesiones de pesca. Al regresar de todas y cada una de ellas, después de un viaje de 300 o 400 km por algún pantano perdido por España, cuando estoy llegando a Madrid y veo la ciudad desde lejos, se me cae todo encima, miro los grandes edificios, la gente absorta caminando, estresada, sin tiempo, los atascos etc… entonces siempre me pregunto, ¿me he equivocado de vida? ¿de ciudad donde vivir? ¿soy feliz como abogado encerrado en un despacho a diario resolviendo los problemas de los demás? Y la respuesta que me doy es siempre la misma;

“MENOS MAL QUE TENGO EL CARP FIHING”

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Artículo realizado por: Eduardo Zancada

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