Markel Larrainzar, de 9 años, aprende a pescar en el Río Arga.MATT KOLF

Javier es el más pequeño de todos. Tiene seis años y es sordomudo. Cada vez que saca un pez del agua con una caña para principiantes, salta de alegría y revolotea los brazos por el aire en señal de victoria. Aunque no se atreve a tocar el animal con las manos, cuando algún pez pica su anzuelo, sube la presa a la altura del pecho cogiendo el hilo con la mano y pide doblando el índice que se le saque una fotografía. “Es la primera vez que hace el curso de pesca”, explica su hermano Emilio, de 7 años y que se pelea con la caña a su lado. “Lo que más me gusta es echar la caña lejos y pescar peces grandes, pero no me gusta que se me enrede”, cuenta el mayor de los dos.

Al taller de ‘Aprende a pescar‘ que organiza el Ayuntamiento de Pamplona se han apuntado hasta 15 niños. Este sábado salían a pescar alburnos, chipas y gobios por primera vez dentro de un curso en el que, además de las clases teóricas de los jueves, se repetirán esas salidas hacia el río.

Armados con un cubo, una caña y gusanos, 14 chicos y María Garde, de 8 años, se escapaban al puente del Plazaola en compañía de Nacho Ramos, Juan Urra y José Luis Morentin, sus tres profesores del Club de pescadores deportivos Río Arga. “Estamos aquí por amor al arte, porque nos gusta y es muy satisfactorio ver a los críos con la cara feliz cuando sacan un pez”, admite Ramos. Este pescador, que enseña a atar anzuelos, los tipos de aparejos o corchos y a quitar el pez del anzuelo, reconoce que “la mayoría de los padres les apunta para poder irse luego a pescar con sus hijos”.

“Me he apuntado porque me gusta pescar, conocer a gente y pasármelo bien, aunque yo ya pescaba en la charca de Zizur Mayor”, cuenta Iker Gueregue, de 12 años. Así como en Zizur le bastaba un trozo de pan para hacerse con carpones, carpas y black bass, reconoce que “en este río es más fácil coger peces, pero son más pequeños”.

El truco está en el engodo, una pasta naranja de frutas, harina y otros elementos que el pescador Ramos lanza cerca de la orilla para que los peces se acerquen a comerla en remolino. Por eso, a los pocos segundos de lanzar la caña, los 15 benjamines que se han apuntado al taller, logran sacar un pequeño pez del agua. Después los devuelven al río y, si alguno se ha muerto esperando en el cubo, los patos y cangrejos se encargan de aprovecharlo.

Mario Andueza lleva 4 años asistiendo al taller y nota “mucha diferencia” entre sus conocimientos de antes y los de ahora. “El primer año tienes un poco de miedo, no estás muy seguro. Luego acabas lanzando la caña con más confianza y tiras donde antes no te atrevías, como a los juncos, por ejemplo, donde hay carpas pero se te puede enganchar la caña”, describe este pamplonés de 9 años.

Otros dos monitores de Civivox Condestable se ocupan de que vigilar que los 15 pequeños pescadores se centren en su trabajo. Incluso les echan una mano a la hora de colocar en el anzuelo uno de los tantos gusanos vivos que parecen vibrar en un recipiente amarillo con arena.

Además, dividido en tres categorías, el 27 de agosto tendrá lugar el XV concurso de pesca de agua dulce en el mismo lugar donde los infantes aprender ahora a tirar el anzuelo.

Fuente: diariodenavarra.es

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