La nueva Ley de Pesca que la Junta de Castilla y León ha garantizado para 2012 ha generado, desde que se conoció su borrador, una gran controversia entre los amantes y aficionados de este deporte, sobre todo en lo que concierne al establecimiento casi pleno de la pesca sin muerte para salmónidos.

El texto, que está en período de tramitación, prevé que en todos los ríos de la Comunidad se lleve a cabo la pesca sin muerte, es decir, que no se puedan matar las truchas y deban ser devueltas al río con el menor daño posible, excepto en localizaciones muy determinadas y en los cotos intensivos.

Una modalidad de pesca que no es novedosa, pues Castilla y León cuenta con varios cotos de pesca sin muerte en sus ríos, y que ha defendido a ultranza, en declaraciones a Efe, el presidente de la Federación de Castilla y León de Pesca, Enrique Domínguez.

La pesca sin muerte está establecida para las competiciones deportivas organizadas por la propia Federación, pero Domínguez es partidario de que esta forma de entender la pesca se extienda por completo a las riberas de los ríos, para que el impacto medioambiental sea menor.

“Hace más de cuarenta años, con la necesidad que había, puedo entender que la gente se llevase las truchas a casa, pero ahora parece que es más por presumir”, ha declarado.

“La mayor parte de culpa de que no haya tantas truchas como antes es de la contaminación, pero no se puede evitar, por lo que los pescadores debemos poner nuestro granito de arena y no dañar los ríos más de lo que están”, ha dicho.

Precisamente, Domínguez, que ha relatado con emoción como ha llegado a pescar hasta “catorce veces” la misma trucha, ha indicado, no obstante, que en los ríos de Palencia, de donde es natural, “no hay ni un 30 por ciento de las truchas que existían hace treinta años”.

“No hay que confundir libertad con libertinaje. Este tipo de medidas, gusten o no, son lo que conlleva el progreso. Los que matan las truchas se están equivocando y gracias a bastantes que pescamos sin matar, ellos todavía pueden seguir sacándolas para, a veces, ni comerlas”, ha afirmado.

“Si de las 200.000 licencias que hay en Castilla y León, 100.000 matasen treinta truchas por temporada, daría como resultado una mortandad de tres millones. Eso no hay río que lo soporte”, ha matizado.

Por otro lado, el presidente de la Asociación Rivervida, Miguel Fernández, pese a que recomienda la pesca sin muerte, ha considerado, en declaraciones a Efe, que “el corte radical de la pesca con muerte va ser perjudicial”, por lo que se debería apostar por “una solución intermedia”.

En primer lugar, ha estimado que “enfrentar y enfadar al sector ribereño no es la solución”, y cree que, de este modo, se va “a fomentar la pesca furtiva sin gente suficiente para vigilarla”.

“Se van a seguir sacando truchas y de una forma más peligrosa. Que haya pocas truchas no es culpa del pescador, sino de que no se está tratando de depurar los ríos y otras cosas”, ha opinado Miguel.

Ha señalado que “el 50 por ciento de las truchas pescadas sin muerte acaba muriendo”, dado que “no se saben manipular”.

Además, para Miguel Fernández, “no se puede convencer al pescador ribereño que piensa que las truchas son suyas, que ha convivido siempre con el río y ha sabido equilibrarlo”.

“La Administración pública tiene mucha responsabilidad en el descenso de las truchas en los ríos, por lo que no puede, porque sí, prohibirlo, cuando lo primero que habrá que pensar es por qué hay pocas truchas”, ha agregado.

Fernández también ha manifestado, en base a “antecedentes palpables”, que “los cotos que menos truchas tienen son los que son sin muerte”.

“Hemos cometido errores todos. Los pescadores, las administraciones públicas y la sociedad en lo que se refiere a la contaminación y las repoblaciones de truchas realizadas, pero una medida drástica como esta no es la solución. Estamos ante un problema serio”, ha concluido.

Antonio Aragón Blanco

Fuente: Todo Castilla y León

 

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