Acabo de leer una noticia capaz de soliviantar al más pintado. De golpe, la Comisión Europea considera urgente gestionar las pesquerías comunitarias, atajar la sobrepesca, defender la sostenibilidad, respetar las tallas mínimas y bla, bla, bla…

A buenas horas, amigos de Bruselas. Vaya ejemplo de ineficacia. Como si la depredación del atún rojo en el Mediterráneo con artes de cerco kilométricas fuera de ayer mismo. O como si algunos países ribereños como el nuestro no llevaran tiempo arrasando sus plataformas continentales.

Justo este verano, con más virulencia que nunca grupos de pescadores furtivos saquean las costas andaluzas. Os hablo de los bolicheros que trabajan con redes de pesca casi ciegas para capturar falsos chanquetes, es decir alevines de sardina, salmonete, besugo, boquerón y jurel.

A pesar de que la Junta de Andalucía tiene prohibidas las capturas, de la amenaza de multas contundentes y de que la guardia civil lleva incautadas más de 70 barcas ilegales, centenares de restaurantes y chiringuitos del sur ofrecen frituras de inmaduros. Saben que reina la impunidad. La clientela los demanda y los restaurantes obtienen pingües beneficios. A 18 euros se suele tarifar cada ración. ¿Hacen falta más razones?

En pura rutina los falsos chanquetes también llegan a Madrid. A la barra de La Dorada, por ejemplo, donde se sirven con huevos fritos (“huevos estrellados a nuestra manera”) O a la barra de La Maquina que no tiene reparos en llamarlos por su nombre.

A sus adictos conviene recordarles que se trata de una pesca clandestina que se descompone fácilmente. Para evitarlo los bolicheros, piratas sin escrúpulos, orinan en los cubos o recurren a la adición de conservantes prohibidos. La urea y también el formol, excipiente cancerígeno, los preservan bastante bien..

En rigor, la pesca de los auténticos chanquetes (“aphia minuta”) no debería estar prohibida. Se trata de pescaditos cuya talla máxima oscila entre 6 y 8 centímetros que se capturan de enero a marzo. Una especie única que ni por el tamaño ni por su forma tienen nada que ver con los inmaduros que tendrían que crecer mucho más.

Como asegura el Instituto Español de Oceanografía un kilo de alevines puede convertirse en 300 kilos de pescado.

Lamentablemente la situación no hay quien la arregle. Hace tiempo que surgió la tapadera ideal para estas mafias, los chanquetes chinos (neosalanx tangahkeii) pececillos que desde oriente llegan congelados. Ejemplares de acuicultura procedentes de piscifactorías cuya comercialización no puede prohibirse debido a los acuerdos internacionales de libre comercio. Lo perfecto para camuflar el trasiego de inmaduros.

Aparte de tantas irregularidades, lo que nunca he acabado de entender es la afición que profesan algunos por esos fideillos insulsos que sólo saben a harina frita.

Deberíamos reflexionar ¿Quiénes son más culpables los pescadores sin escrúpulos, la hostelería que comercializa esta pesca o los clientes que pagan el trabajo de ambos?

Y luego hablamos de conciencia medioambiental.

Fuente: elpais.com

 

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