Después del invierno más seco que estamos padeciendo en muchos años, parece que las previsiones meteorológicas para las próximas semanas no son muy alentadoras en cuanto a las probabilidades de precipitaciones.

Las consecuencias para la agricultura y la ganadería son ahora mismo devastadoras. Nuestros bosques pueden entrar en breve en un grave estrés hídrico, producido por la gran sequedad del suelo. Esto ya se está notando en muchas zonas incluso de la España húmeda, donde numerosos incendios asolan el monte.

Nuestros ríos y embalses podrían sufrir también la escasez de aguas, con consecuencias dramáticas, sobre todo en esas pequeñas corrientes trucheras o gargantas.

Tendremos que tener fe en el refranero, ” en abril, aguas mil”, y sobre todo alertar a las administraciones pertinentes de medio Ambiente, para que se minimicen las mortandades de nuestras queridas truchas, si la sequía persiste.

Ya ha ocurrido en varias ocasiones, incluso en cauces que atraviesan ” supuestos” espacios naturales protegidos.

Esto ocurrió en 2005:

primero se advirtió, con varios meses de antelación.

 

 

 

 

 

 

Pero no se hizo caso alguno y el cauce se secó por completo en kilómetros

 

 

 

 

 

 

La consecuencia fue esta

Pero lo más triste de todo es que se podría haber actuado trasladando las truchas a tiempo al río principal.

Son imágenes dramáticas para cualquier persona que tenga una mínima sensibilidad ambiental, pero son necesarias para aprender y conseguir que no vuelvan a ocurrir.

 

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