Cepesma confirma la pesca de unos 50 ejemplares  de tamboril el año pasado // La coordinadora ha notificado los datos al Principado para que alerte del riesgo de consumo.

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Su nombre técnico es Lagocephalus lagocephalus, aunque popularmente se le conoce como tamboril. Bajo ambos términos se esconde un pez de ecosistemas tropicales y subtropicales, que abunda en aguas del archipiélago Canario y que comienza a ser habitual en el Mediterráneo. El problema es que se trata de un pez tóxico, que provoca problemas intestinales y que en ingestas elevadas desencadena fallos renales. El tamboril también ha llegado al Cantábrico. La Coordinadora para el Estudio y la Protección de las Especies Marinas (Cepesma) tiene constancia de que a lo largo del año pasado se pescaron unos 50 ejemplares y ya ha transmitido la alerta al Gobierno del Principado para que informe de los riesgos de su consumo.

El tamboril aparece en las redes y los cebos de embarcaciones que faenan cerca de las costas pero también llega hasta el litoral y se pesca a caña en playas y espigones. Los primeros ejemplares capturados en Asturias se remontan al 2003. Desde entonces, el número de piezas identificadas al año no ha dejado de crecer de forma progresiva y se ha pescado tanto en el occidente como en el centro y en el oriente. El director de Cepesma, Luis Laria, admite que los 50 tamboriles de 2013 es la cifra más elevada de la que tiene constancia hasta el momento. No obstante, Laria precisa que no se trata de una especie invasora que puede causar daños en el ecosistema sino, más bien, de una especie arrastrada por las corrientes que puede volver a desaparecer.

El riesgo, por tanto, se limita al consumo humano. Hace unos días la alerta saltaba en el Mediterráneo. Un primo del tamboril, el Lagocephalus Scerelatus era capturado en Denia. Tras analizarlo, la administración advirtió a la ciudadanía de que era tóxico. La noticia corrió como la pólvora y la Secretaría de Estado de Pesca anunció que contactará con el Instituto Español de Oceanografía (IEO) para documentar los movimientos de la especie y mejorar su vigilancia. El IEO, por su parte, informó de que esta especie se está propagando y afectando, incluso, a poblaciones autóctonas.

El aspecto del tamboril es singular. La descripción que realiza Luis Laria es precisa. Tiene una boca en forma de pico, un color azul intenso por el torso pero blanco por la zona abdominal, donde esconde unas púas defensivas que apenas se perciben. Es una especie similar al famoso pez globo o fugu, que es altamente venenoso y que forma parte de la gastronomía japonesa, tras un delicado proceso de limpieza.

El Lagocephalus Lagocephalus no es la única especie no autóctona detectada en la costa asturiana. Luis Laria explica que Cepesma tiene documentada la presencia de 16 especies alóctonas, que es como se denomina técnicamente. Son peces que surcan el Cantábrico pero que están fuera de su hábitat natural.

¿A qué se debe la presencia del tamboril y de las otras 16 especies alóctonas en el Cantábrico? ¿Tiene influencia el cambio climático? Luis Laria matiza que, en ocasiones, se responsabiliza al calentamiento global de cualquier cambio cuando puede tratarse de algo natural o puntual. En el caso de los peces, podría achacarse a corrientes marinas. No obstante, Laria reconoce que el tamboril procede de aguas más cálidas y que el incremento de la temperatura del mar puede explicar una presencia en mayor número.

Noticia publicada en Asturias24.es

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